miércoles, 24 de febrero de 2010

Puta madre

Better. Al menos hoy no he sentido el panal de abejas en mi cabeza, un poquito más de ánimo sentí cuando ví mi lista de pacientes, además es día de revista y reunión médica. Los pacientes del protocolo avanzando, nada del otro mundo, quiero decir fuera de ansiedad y un caso que pronto saldrá de alta.
Hace unos días se hablaba de una tal señora, que no es mi paciente, a quién estaban tratando de diagnosticar, parece que la cosa es grave por el tono, la cantidad de exámenes y la historia. Hoy me entero en la reunión que se trata de una posible esclerosis lateral amiotrófica, al parecer nada bueno. De esclerosis se muy poco, así que marqué en el programa del congreso de neurología al que me invitaron las conferencias sobre el tema. Por lo que me dice una colega ciertamente ese diagnóstico no es nada bueno, ¡puta madre!, allá en la sala de espera está la señora con su hija aguardando por la orden para una punción lumbar y otros exámenes más.
Reposo. También vino una representante de “no me acuerdo donde” del gobierno para saber sobre el estado de otra paciente, que si conozco y cuyo estado funcional está bastante comprometido por una lesión medular. Riesgo de cuadriplejia, ¿cirugía? nadie la quiere abrir, ¡puta madre otra vez!.
Si se confirma el diagnóstico del primer caso, ¿ahora qué?, ciertamente sin un buen diagnóstico no hay una buena terapéutica, pero hay casos en los que uno se pregunta cuál terapéutica, viva por el que hizo el diagnóstico, lo que resta es manejar al paciente y su familia desde lo médico y psicológico. Allí entro yo, en lo segundo, acompañando al paciente en todo ese proceso. A veces me pregunto si lo que hago vale la pena, si los pacientes se sienten bien, si están satisfechos, si de verdad lo que hago de la manera en que lo hago es lo que necesitan. Entonces entro en la situación, soy empática, me aflijo, ayudo desde lo que tengo como ser humano y profesional, luego viene el detached emocional porque sino me arrastran, y en el fondo sé que ese no es mi problema. Pero no deja de dolerme, ese el detalle. Duele ver de cerca todos los días que la vida tiene un lado retorcido y bizarro, en el que tengo que escudriñar cada vez más.

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